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lunes, 9 de noviembre de 2009

The wind of change (1989-2009)



Veinte años atrás el Muro de Berlín se hacía añicos llevándose entre fierros retorcidos los fantasmas de una ideología. La Guerra Fría llegaba a su fin simbólico y las multitudes se avalanzaban por las calles para festejar el Final. Como en todos los finales, las emociones del momento son las únicas visibles. ¿Qué vendría después de? Nada lo resumiría tan perfectamente como la canción de The Scorpions, The Wind of Change:

the future´s in the air I can feel it everywhere
blowing with the wind of change

El futuro en efecto sopló por muchos rumbos. Sobrevino una sociedad con nuevos símbolos y valores que en un tiempo sorprendente ha traído a la humanidad a distancias aterradoramente hermosas.
Pero si me refiero a esta importante fecha es no sólo para festejar el 9 de noviembre, sino para revisar nuestro presente. Mi generación ha crecido entre cambios estructurales, la aparición de un nuevo orden mundial y la tiranía de la tecnología; en resumen, la indiferencia nos gobierna y perdemos la capacidad de asombro. Hoy por ejemplo, amanecen los Estados Unidos con un proyecto de salubridad pública que significa el trastoque a su liberalismo individualista para ensayar por vez primera un modelo social: si lo acepta el Senado, el 97% de la población tendría acceso a una seguridad social de alta cobertura. Pero recordemos que meses atrás, las manifestaciones en Washington eran ¡para condenar a Obama de comunista!
Celebrar la caída del Muro de Berlín es casi obligado para los que vivimos en esta época de grandes transformaciones. Para nosotros, que éramos niños cuando eso sucedía, es no perder de vista las transiciones y actuar en consecuencia. El problema es que se desmorona esa transición y no quedan muchos espacios para actuar con la certeza de que la democracia, la libertad como modelo de vida, los espacios ciudadanos ganados a pulso al gobierno y la transparencia sean en efecto lugares visibles en el mundo.
Pero festejemos de todos modos.
A partir del 10 de noviembre de 1989 comenzó la Edad de la Globalización y como todas las edades de la historia, es en el tiempo fronterizo cuando se acomodan los engranes y surgen los actores que llevarán a buen término la transición. Entonces, sí apuesto por una forma de usar benéficamente la globalidad, sí creeré en que la libertad es esencial para el desarrollo de cualquier sociedad e incluso creeré que pronto ha de surgir en la escena política una opción que incube una propuesta social democrática de alto nivel y sobre todo de credibilidad. Pero los invito a que no nos perdamos en los aires de cambio y que la sorpresa nos siga aguardando a la vuelta de la esquina. Si nos quedamos en letargo, hasta el poder de las palabras pasa desapercibido y una mentada de madre se convierte en un saludo.
En fin, valgan estos párrafos como un homenaje a los caídos en el Muro, a los jovenes que sustentaron los movimientos de transformación política y a los últimos románticos que no morirán aunque nuestro mundo parazca una soberana mierda.

viernes, 23 de octubre de 2009

Repaso de la Semana



En estos días han sucedido eventos de todo tipo: el presupuesto de egresos parece una olla de porquería que está en ebullición; el Twitter (que carajos, nomás no me acaba de convencer) está a punto de ser una forma de agrupación colectiva, lo que demuestra que a la larga, el Internet puede ser más que foros y pasar a la acción. Se suspendió la Feria del Libro del Zócalo, la violencia se ha disparado en el norte pero también en las ciudades gringas, falla terriblemente la luz en Ozumba (los amigos de allá cuentan que son boicots) con lo que se cae el comercio, nuestros gobernantes locales parecen no terminar de entender la labor política y se pierden en la fotografía, etc. etc. etc.
Mis ideas sobre nuestro tiempo son reductibles a la Cultura, y no me tachen de insensible o de egoísta, pero hasta este momento sigo creyendo que sólo la Cultura nos puede elevar en la sociedad, hacerle ver sus orígenes, su devenir y proponerse un cambio acorde a sus verdaderas necesidades y expectativas. Un pueblo sin memoria no puede ser pueblo, pero un pueblo sin cultura no es ni aquella definición técnica de la agrupacion de individuos con un fin común.
No hay manera de concebir de otra forma el papel de la Cultura, porque incluso, en la búsqueda de vida extraterrestre (cómo me encantó la conferencia de la dra. Antígona Segura Peralta), los científicos han abandonado la idea de "inteligencia artificial" para buscar "civilizaciones comunicantes". La comunicación, sus herramientas y técnicas son indicios para comprobar que seres del mismo tipo han llegado a estructuras superiores de convivencia. La Cultura, nos rodea, pero también nos envuelve.

No soy un viajero , ni salgo más allá de 300 km del pueblo, pero en los viajes relámpago que he podido realizar, sigo estudiando los paisajes y repasando los eventos mundiales para ubicar en dónde estamos exactamente. Mi generación está viviendo una época inédita, que tenemos que ir desmembrando poco a poco pero sin comprender del todo. Insisto entonces, sólo la Cultura nos puede ayudar. Y pensemos que además, es lo único que nos une de verdad, pues la religión, la política, las distintas formas de pensamiento social sólo contribuyen a la división. La Cultura nos permite tener la primera cualidad para ser hombres colectivos, que es la tolerancia.

Muchas ideas como ven y quizá no tienen pies ni cabeza. Estoy trabajando muy arduamente para desentrañar el pasado de Tepetlixpa que ni he tenido tiempo de subir nada a La Cara del Cerro. Por las mañanas, entre 5 y 6 es mi mejor hora para escribir, con cafecito caliente y el frío de octubre, hay mucha más música sobre la cuál platicar, pero eso dejémoslo para la próxima semana. Finalmente, si alguién quiere hacerlo, mi lista de regalos para el próximo 30 incluyen: el tomo III de las obras completas de Octavio Paz, una pluma fuente, una camisa a rayas y un cuaderno para apuntes... no hay mesa de regalos, pero bienvenidos sean!


jueves, 24 de septiembre de 2009

Después del metro Balderas, una Revolución...? No creo



A raíz de los actos violentos de los últimos días (el “secuestro” de un avión comercial, la balacera en el metro Balderas y las explosiones en bancos) se han comenzado a emitir opiniones respecto a las posibles causas que los generaron. La explicación más contundente dice que son muestras de sociopatía, una disfuncionalidad para relacionarse correctamente en una comunidad por parte de personas que además, no son capaces de controlar sus niveles de ira y violencia.
Pero también se han esgrimido opiniones que me parecen sinceramente exageradas, aludiendo que esa “escalada” de violencia no es sino inconformidad de la sociedad para con su gobierno y sus semejantes. Incluso, que la violencia es el andamiaje para una que comience una Revolución, el próximo año.
Yo veo que las coincidencias por el bicentenario y el centenario de nuestros mitos fundantes alebrestan el sentimiento de más de uno. Igual que con el milenio, no observamos que las fechas son etapas más simbólicas que periódicas, y que las coincidencias son más bien un error táctico más una falta de memoria, como en la Historia sucede a menudo.
La violencia existe, eso es indudable. El poder también sufre de cambios fundamentales, pero hasta ahora no hay un vínculo que los aherroje y nos lance de frente a una nueva guerra. La violencia que ha generado expectativa está en el Distrito Federal, la ciudad más grande del mundo, y el narco lanza sus tentáculos por todo el país aunque hasta ahora aún es posible el tránsito relativamente seguro por la mayor parte del territorio. Luego, las revoluciones las han forjado las clases medias, y la “burguesía” mexicana está en uno de los más laxos periodos que se hayan visto.
Recién leí un ensayo de Augusto Isla, El sueño de Ismene (en La Jaula Sabia, 1997) donde retoma las falacias del liberalismo y la democracia como sustentos de la sociedad contemporánea. El ensayo me hizo observar perfectamente que una convulsión de la sociedad sólo se logra cuando el poder se ejercita contra lo desconocido, contra una otredad que implica Libertad. Desentrañando este argumento a propósito de los que piensan la inminencia de otra Revolución, resulta que la sociedad en la que vivimos ha “creado” libertades, aunque más bien, tras el fin del comunismo y la era de la globalización, dichas libertades tienen otra cara, son Disciplinas.
Lo intolerable de la sociedad moderna no reside tanto en el poder soberano, como en el disciplinario, en ese poder diseminado por todas partes, sin rosto, en constante movilidad, dice Isla; pero la violencia de los últimos días representa una forma individual de esa disciplina: el de personas que por sí mismas se sienten fuera de las reglas sociales, fuera de su economía, fuera del estatus o bien sin posibilidades reales de salir de su nivel. Romper con sus semejantes es romper consigo mismos, la representación a nivel personal de un poder que ejercitan contra los demás, poder dual que al atacar, destruye.
Hombres en pugna contra la sociedad en primer término son hombres luchando contra sus normas, y en términos de Isla, podría decir que son hombres cuyas disciplinas no encajan con la colectividad y deciden romperlas aparentemente dando al caño con las respectivas disciplinas de fulano y zutano que les hacen comportarse dignamente y seriecitos. Quizá hasta es tiempo de volver sobre la obra de Michael Foucault, de donde Isla toma sus ideas sobre la Disciplina, porque el poder no se manifiesta (ni se tambalea) en los centros, sino más bien en las extremidades, en instituciones concretas. Hacen falta entonces, más locos en todas las ciudades del país para pensar en una guerra: la Revolución, como decía don Daniel Cosío Villegas, murió en los cuarentas.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Impuestos, recortes... y Juanito



Pues uno no puede ser indiferente a su tiempo. Y en los últimos días estoy hablando o pensando mucho del tiempo, no sólo por la exposición de fotografías sino por lo intrincado del tema, que para mí intrincado es señal de fascinante.
Pero no puede uno cruzar los brazos y ver que nuestra época es dura, que fuera del adjetivo "crítico", quizá no hayan categorías para ubicar qué es lo que realmente nos sucede, qué perspectivas hay para nuestro futuro y qué acontecimientos se desencadenarán.
Todo esto a propósito del Proyecto de Presupuesto que entregó el presidente Calderón, que es bastante impopular con eso de aumentar los impuestos en 2% al consumo generalizado y entre 3 y 4% en otras áreas que incluyen los depósitos en efectivo, licores, cigarros, cervezas, etc.
De todo lo impopular, lo rescatable es que por fin hay esperanzas de meter en cintura el excesivo gasto del gobierno, pues del presupuesto total para 2008, casi la tercera parte, o sea 1.7 billones de pesos fueron destinados al gasto corriente, lo que significa el que la colosal maquinaria del gobierno es una boca que traga y traga lindo.
Pero de buenas esperanzas no ha sido ni la historia y mucho menos la política mexicana. Tiempos de austeridad y petición de sacrificio no parecen ser las soluciones. Faltará ver en el cabildeo qué cosas se acepatn y qué otras no, pero de entrada, a la SEP le reducirán 14.2%, para pasar de los 210.6 mil millones de pesos a un presupuesto de 196.4 mmdp... como siempre, a la educación, la cultura y la investigación le toca bailar con la más fea.

Situaciones alarmantes las que vivimos en éste presente. El vocal ejecutivo del IFE gasta más de 17 000 pesos al mes en comidas de lujo; el Poder Legislativo pide un presupuesto de 10 199 millones de pesos y el Judicial 40 108 mdp. Al suprimir la Secretaría de Turismo se da una señal de profundo desinterés por el importantísimo sector. El prófugo de la justicia Julio César Godoy intenta tomar protesta como diputado en un formato escrito y con un amparo bajo el brazo; las cloacas del Valle de México vomitan sus contenidos sobre los hogares que se construyeron bajo la idea de Solidaridad y en el colmo del circo politiquero, Juanito va a la Basílica a dar gracias por su triunfo.

México... lo bueno es que pronto viene el 15 de septiembre, ja.