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viernes, 11 de junio de 2010

Música para caminar



Caminar es un acto entre liberador y exultante, pero también es un momento para los encuentros. En largas caminatas uno puede enamorarse, o como Kant, a fuerza de costumbre terminar a un instante de la locura. Caminar es seguir el propio ritmo, encontrar la respiración del cuerpo y las junturas de las piedras.
En lo personal me considero caminante aunque por circunstancias desconocidas (léase pereza) me resisto todavía a subir el Sacromonte, en Amecameca. Pero he caminado desde niño y estoy casi casi a punto de escribir un Método para caminar en Tepetlixpa. Los primeros pasos consisten en cerrar los ojos cada que sea posible, en acompañarse de un ser amado o lo suficientemente querido para que no nos considere locos (reconozco mi deuda, no es lo mismo caminar a solas), en determinar un punto de salida pero jamás limitar las llegadas y finalmente, un punto importante para los caminantes solitarios, el escuchar música.
Como he dicho en otros post, todas las listas son arbitrarias, pero hasta ahora la música número uno para caminar es la clásica. Sucede que la música es un vehículo deslizante y como los tlaloques, también barre el camino.
De modo que, si uno tiene los pies ligeros y parece que la caminata es un ensayo de vuelo propongo a Vivaldi, el Concierto para mandolina en sol mayor... uhm, la mandolina honor a la verdad ha sido medio secuestrada por las rondallas y los coros de las iglesias, pero la pieza es fenomenal:




Aunque otra opción, para días de viento y en los que sea necesario tomar un descanso es la versión coral del mismo concierto, interpretada por Bobby McFerrin y Yo-Yo Ma:



Finalmente, si su deslizar es más bien una sucesión de imágenes o camina por diversión y enamoramiento, deje al maestro barroco en casa y saque sus discos de jazz... o de tango. Para profundizar en su vida mientras desciende calles le propongo escuchar Panique au Theatre, un soundtrack de la película Armagedon, de 1971, del maestro Astor Piazzolla. ¿Por qué un soundtrack?, bueno, si en efecto a todo lugar le hace falta, como dice Borges, una poética y una metafísica, el mejor ensayo son las películas. Anímese, en su caminar podría ir al encuentro de usted mismo y con Panique estoy seguro que puede andar a veinticuatro cuadros por segundo... o escuchar veinticuatro veces seguidas la canción, que como una buena caminata tiene un punto de partida pero no sabemos a dónde nos puede conducir:


martes, 2 de marzo de 2010

4 imágenes: La tarde




Hace unos meses tenía la firme intención de publicar un libro de ensayos, jaja, como si de verdad fuera un ensayista. La verdad es que los textos tienen muchos errores y necesitaría reescribir todo para que un editor arriesgara el pellejo para publicarlos. Pero bueno, a pesar de eso y porque al final un blog es democracia pura, me atrevo a lanzar esos escritos de manera "inédita". Para no aburrirlos, les dividiré el ensayo 4 imágenes a lo largo de cuatro entregas. Ojalá les agrade y todo comentario es bien recibido.

La tarde

Las tardes suenan a final; anuncian un fin. Después de la tarde jamás vendrá el amanecer, viene la noche. De ahí su vinculación con el ocaso en amplio sentido.

La tarde puede tener una carga emocional nostálgica, pero para algunas personas, en la tarde se producen balances interiores que son otras formas de la felicidad. Viajan con sus sueños, con sus más fuertes deseos y más que resignarse a la inexorabilidad del día, en la tarde proyectan eventos de su futuro.

Vinculado a esas sensaciones de proyección y vivencia está el color de una tarde, tema recurrente para los creadores y paisajistas. Cada época tiene su tonalidad y con ello, sus sentimientos, pero en la tarde de otoño hay una emoción más profunda, como de madurez. Comienzan en rosa, caminan hacia tonos durazno y terminan en un tono naranja terrible. Terrible por la idea implícita del final del día pero también por fascinante, por atraer la vista como parte de una poderosa imagen en la que se concentra la agresión, la seducción y la añoranza.

Vivaldi recrea con el lenguaje musical la fiereza del otoño en el movimiento correspondiente de Las Cuatro Estaciones, pero bien podría aplicar su “invención” y “armonía” para las tardes: el soslayo del día, la idea de madurez que devendrá en muerte pero que adquieren notas de una belleza increíble.

Ya de por sí, los movimientos del Otoño son una descripción que bastaría para ejemplificar lo escrito arriba; pero en la tarde como en el movimiento, cabe recitar unos versos del soneto respectivo que acompaña a la música:


La brisa que templada da placer,

Y la estación que invita tanto y tanto

A un dulcísimo sueño disfrutar.