Mostrando entradas con la etiqueta RELIGIONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RELIGIONES. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de enero de 2012

¿Teorías políticas en el hinduismo?

(El sabio Bhaktivdanta Swami Prabhupāda)

El Śrīmad-Bhāgavatam cuenta que el brahmán Ajāmila un día conoció a una prostituta y arrastrado por la pasión que le produjo, se casó con ella y procreo hijos. Por su calidad de brahmán, ser superior al resto de los mortales, casarse con una prostituta significó la pérdida de su dignidad espiritual. El texto sagrado cuenta que Ajāmila, para sobrevivir, se dedicaba al robo y a toda clase de actividades ilícitas como los juegos de azar.

Así por ochenta años, engendrando contra las costumbres hinduistas un hijo después de los cincuenta. Al momento de su muerte le enternece tanto la suerte que tendrá su pequeño hijo Nārāyana, que sus últimas palabras se las dedica a él. En ese instante unos seres “de aspecto raro, con cuerpos deformes cubiertos de un vello erizado, y caras feroces y fruncidas” llegan a su lecho con sogas para arrastrarlo ante el señor de la muerte Yamarāja.

Cuando los yamadūtas (que tal es el nombre de esos auxiliares necrológicos) cumplían su función, aparecieron tres seres de apariencia hermosa y radiante, los visnudutas o auxiliares de Visnú, que prohibieron tocar el alma de Ajāmila argumentando que a pesar de la iniquidad y pecados en la vida terrenal, la repetición constante del sagrado nombre Nārāyana (un nombre sánscrito que se le da a la divinidad) le había salvado.

Estamos frente a una historia de Virtud. Una reflexión particular sobre la conducta humana que al mismo tiempo es universal: sea el desprendimiento material que buscan los devotos de Krisna o la negación del mal en occidente, la metáfora es la misma.

El sabio hindú Bhaktivdanta Swami Prabhupāda en la exégesis de dicha narración (en español se puede leer en el libro Venciendo al destino) se refiere en extenso a la religiosidad como un supuesto básico para la humanidad y para los gobernantes en particular. Las premisas son también muy próximas al pensamiento religioso occidental, sobre todo al cristianismo y su elogio a la virtud de los gobernantes, sólo que el fondo de la exégesis no termina en teocracia ni en proselitismo sino en una religiosidad que más se acerca a la filosofía. La teoría política de Prabhupāda sería la cara oriental de Platón y su República. De entrada reconozco que esto no es sino una mera analogía. La sabiduría védica es mucho más compleja para ser comparada a la ligera, no obstante, nuestros tiempos exigen un replantear al Estado y sus funciones. En medio de la violencia, que de tajo ha descubierto la ineficacia de la racionalidad como sustento de los cuerpos políticos hay que analizar otras opciones… al menos teóricas. Ese es el propósito de este pequeño texto.

Comencemos diciendo que desde los griegos la virtud es un valor y un requisito que deben tener los gobernantes. Platón y luego Aristóteles establecerán la conexión formal entre los filósofos y los reyes como las personas más aptas para ejercer el gobierno en tanto son dueñas de la virtud, la mesura, reflexión, acción y práctica para el bienestar común, para conseguir la felicidad colectiva. Los cristianos medievales seguirán el pensamiento griego hasta llegar a las complicadas teorías sobre el poder y la sociedad. Lo demás es conocido, la Iglesia hizo propias las doctrinas políticas y terminó absorbiendo la idea del político dentro de la teología.

El Estado se configuró entonces como una entidad orgánica, un modelo perfectible que tendría por ideal las máximas del Evangelio, bajo un argumento total e irrefutable: omnis potestas a Deo, “todo poder proviene de Dios”. Bajo esta perspectiva cualquier fusión amigable entre la Iglesia y el poder civil es imposible; sería inútil referir la historia de los conflictos Iglesia-Estado.

(Krsna vs Rosseau: Los pactos sociales no pueden conseguir la satisfacción colectiva)

Cuando leí la exégesis de Prabhupāda lo primero que me llamó la atención fue la aparente ingenuidad del argumento según el cuál la religiosidad debe estar por encima del gobierno civil. Pero luego, analizándolo el alcance de su idea es muy interesante. Primero porque la religiosidad no se ciñe a una institución sino a una liberación, a una entrega que significa la plena realización del ser. Segundo porque en Occidente existe la idea de que la violencia no puede ser medida racionalmente porque la violencia misma es una irracionalidad humana. Entonces entra la sabiduría del maestro hindú: el contrato social es una necedad, no hay ninguna oportunidad para que por medio de la razón (entregar nuestros derechos a un tercero para que los administre) se consiga un estado sentimental que satisfaga a la humanidad entera. El ingenuo se convierte en malicioso; la razón es en realidad una cuestión sentimental, pues el Estado en efecto es abstracto pero se manifiesta en instituciones, en lugares físicos, en leyes y pactos, todos aprehensibles con los sentidos. Prabhupāda va más allá: el objetivo de los pactos es una simple complacencia de los sentidos, el bien común pretende hacérsenos pasar por la manifestación de la felicidad, pero es una felicidad absolutamente material y por tanto incompleta.

Ideas como estas serían proscritas en cualquier filosofía política occidental, no es raro que jamás se mencione como teoría política. La reflexión del sabio hindú es ética, pero en estos momentos es necesaria. La propuesta del Bhaktivdanta es simple y por eso mismo compleja y profunda: “lo claramente recomendable es enseñarle a la gente a volverse consciente de Krsna y regresar al hogar, de vuelta a Dios” (p. 20). Si intercambiáramos los conceptos por cualquier credo occidental la propuesta es noble y elevada pero imposible de llevar a cabo en la vida real; si intentáramos matizar el contexto hay puntos que valen la pena ser reflexionados en extenso.

La conciencia de Krsna, según ejemplifica el caso del brahmán Ajāmila, es asequible a todo el mundo, por más sumidos que estemos en el error hay posibilidades de enmendar la vida. Los gobernantes tienen que ser dignos de sus representados y su principal labor será la de enseñar esa conciencia. Así, el gobierno, además de virtudes, debe tener un fin didáctico hacia sus gobernados respecto a la idea de realización religiosa, que como hemos dicho es una liberación. Octavio Paz en Vislumbres de la India prevenía que las filosofías orientales que hablan sobre el gobierno no son teoría política porque no buscan un bien común colectivo. Lo que hay que rescatar en consecuencia es un postulado clásico: que el gobernante ha de ser virtuoso por sí mismo. Para los hinduistas, el gobernante no es parte de una Iglesia como institución y la divinidad en ningún momento lo ha designado o tocado especialmente. El gobernante es un sabio que está capacitado para guiar a los ignorantes, es un sabio que tiene por principales valores la honestidad y la religiosidad entendida ahora como un estilo de vida muy cercano a la pureza. El gobernante no es improvisado, ha llegado lejos en su camino de aprendizaje y por eso, sólo por eso, puede aspirar a ser un maestro que busca dar a su pueblo seguridad, instrucción y confianza, porque los ciudadanos depositaron ese valor en que su gobernante sabrá usarlo de forma benéfica. Si defrauda esa confianza cometerá el peor pecado, pues “aquel que traiciona la confianza de una entidad viviente que se refugia en él de buena fe… es extremadamente pecador” (p. 29).

¿Qué se extrae de toda esta reflexión? La idea del gobernante sabio es tan añeja como denostada. Hoy por hoy nadie cree que sus gobernantes sean unos sabios y hay casos de terrible ignorancia. Los hinduistas no pueden bajar estas ideas al plano material porque tienen por principio la negación de que el Uno, la categoría ontológica por antonomasia, sea reducible al cuerpo; además, porque los verdaderos principios religiosos (bhāgavata-dharma) consisten en “la entrega al Señor supremo y el amor por Él” (p. 56). Nosotros tampoco podemos desprendernos absolutamente del mundo material, pero ¿por qué no reflexionar más profundamente nuestras ideas?, es tiempo de cuestionar la razón pura y analizar como navajas si los postulados democráticos y los sistemas de gobierno como tal nos satisfacen. Creyentes o no, a favor o en contra, los gobernantes capitalizan nuestra confianza, sea tácita u obligatoria, cada día nos la defraudan, se contradicen, nos privan de una realización material que aunque Prabhupāda considere parcial y caduca, es una satisfacción legítima y a veces suficiente. Entonces, ¿no podríamos como el brahmán Ajāmila arrepentirnos en el último momento?

martes, 16 de marzo de 2010

Estampas "agustinas"

A raíz de un acalorado debate en la clase de Teoría Política es que estuve meditando sobre los agustinos. Meditar y no, porque en realidad sólo pienso en sus conventos y en lo que provocan; pienso en líneas muy generales sobre lo que hacían los agustinos y pienso en tantas cosas que me estoy perdiendo...
Debo confesar que me encanta el Arte Colonial. Es un gusto que no lo puedo explicar, pero que siempre ha estado presente y que me interesa mucho. Por fortuna, la región de los Volcanes tiene una rica veta de conjuntos conventuales y el vecino Estado de Morelos no se queda atrás. No es este el espacio para hablar de esas construcciones, y quisiera más bien compartirles unas fotos de algunos conventos agustinos a los que he ido.
San Agustín de Hipona fue tan gran polemista y sobre todo, tan erudito, que fue quien rectificó el rumbo (religiosa y dogmáticamente hablando) de la Iglesia Católica tras las bambalinas teóricas de San Pablo (y todavía se dió tiempo de escribir un tratado sobre Música.) Agustín sentó las bases de la Historia como un proceso que inicia con la creación del mundo y que terminará con el Juicio Final; introdujo la idea de la salvación del alma como un acto sobre todo individual, que debe pre-ocupar al individuo y ocuparle toda su vida. Además, contra los racistas, Agustín en algunas representaciones pictóricas se muestra tal como fue, un hombre negro que "conquistó" los círculos intelectuales de Roma.
Les dejaré fotos siguiendo además un estilo que me encanta de . Porque tienes la habilidad de mostrar escenas precisas que se vuelven imágenes cuando entran en el oído. Yo no uso grabadora y me acerco a lo interesante, pero heredero de tí, soy más bien el que se acerca a los muros de los conventos y pensando en tí, siento a los monjes del hábito negro pintando escenas bíblicas, leyendo La Ciudad de Dios en las solemnes bibliotecas, orando bajo los hermosos arcos de sus claustros o viendo los montes bajo los cartesonados únicos de sus porterías llenas de colores. Pienso en fray Luis de León, o Lutero, o cualquier monje agustino que tenga libros y escriba.
Estampas visuales pues, para tí sobre todo, L...


(Convento del Divino Salvador, Malinalco, Méx.)




(Portería del Convento de San Mateo, Atlatlahucan, Mor.)



(Convento de San Juan Bautista, Tlayacapan, Mor.)



(Parte del claustro, Convento de Santiago Apóstol, Ocuituco, Mor. Por cierto, el primer convento de agustinos erigido en América)

lunes, 4 de enero de 2010

Espiritualidad: Cuándo Dios habla de sí mismo...



Las religiones, Santa verdad, solo sirven para dividir al mundo. Mejor seamos espirituales, que a pesar del agnosticismo todo ser humano siente pasos de vez en cuando ante un ser (energía, potencia, sensación…) desconocido y poderoso. Espiritual y alegre, feliz, reposado (aunque con dipa), creo que así es el Año Laurel. Por eso quiero compartirles algunas analogías entre tres culturas religiosas cuando se trata de hablar de Dios.

La revelación de Dios es algo muy discutido en la teología, pues implica entre otras cosas tratar temas delicados como la Verdad, el Mensaje y la legitimación de sus profetas; pero, por lo general, la revelación de Dios ocurre en momentos específicos, con personas específicas y lo que Dios llegue a decir no contradice su mensaje, antes bien lo clarifica.

He aquí las analogías, que no diferencias: hay más cosas que unen que las que separan. Para los herederos de la tradición bíblica, Dios no “dice” de él sino que es una totalidad, “alfa y omega”, “principio y fin”. El Islam tiene una serie de dictados que son más bien ritualistas, indagando los epítetos del Señor como una forma de alabanza… ni hablar de los cabalistas judíos, enfrascados en entrar en la esencia divina a través de la búsqueda del Nombre de Dios. Para no aburrirlos, y retomando el Bhagavad Gitá, quisiera dejarles lo que para los hinduistas es Krisna en palabras del propio Krisna. Como repito, la revelación de la divinidad no es un asunto fácil (pensemos en los médiums, los trances, el mago-sacerdote o el culto oracular), pero ciertamente, los versos del capítulo VII son especialmente hermosos, llenos de poesía cósmica, del Vacio trascendental y lo que temerariamente podría llamar, definición magistral de lo que el ser humano puede concebir propio de seres divinos. Y… cosa increíble para nuestra tradición occidental: en Dios-Krisna está todo el bien y todo el mal.

Con buenos deseos para el año, disfruten esta brevísima selección:


De todo lo que es material y de todo lo que es espiritual en este mundo, sabed por cierto que Yo soy tanto su origen como su disolución. [6]


¡Oh hijo de Kunti [Arjuna]! Yo soy el sabor del agua, la luz del sol y de la luna, la sílaba om en los mantras védicos; Soy el sonido en el éter y la habilidad en el hombre. [8]


Yo soy la fragancia original de la tierra y Soy el calor del fuego. Yo soy la vida de todo cuanto vive y soy la penitencias de todos los poetas. [9]


¡Oh hijo de Prtha! Sabed que Yo soy la semilla original de toda la existencia, la inteligencia de los inteligentes, y el poder de todos los hombres poderosos. [10]


Todos los estados de la existencia –ya sean en la bondad, la pasión o la ignorancia– se manifiestan mediante Mi energía. En un sentido Yo soy todo, pero Soy independiente. Yo no estoy bajo el influjo de las modalidades de esa naturaleza material. [12]


La inteligencia, el conocimiento, el librarse de la duda y estar alucinado, el perdón, la veracidad, el autocontrol y la tranquilidad, el placer y el dolor, el nacimiento, la muerte, el temor, la ausencia del temor, la no violencia, la ecuanimidad, la satisfacción, la austeridad, la caridad, la fama y la infamia son creados tan solo por Mí. [4-5, cap. X]

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Krishna, iusnaturalismo, días que fluyen!!



Me siento bien. Si tu lees esto sabrás que es más poderosa tu influencia que la de los planetas. Es más, hasta tuve ganas de volver la mirada sobre el derecho: "hey, ratón de biblioteca, no pusiste en la práctica los libros".
Estoy muy atento al Bhagavad Gitá, diálogo entre la Suprema Personalidad de Dios, Krishna, y el discípulo y amigo Arjuna. En los campos de Kuruksetra, Arjuna "siente temblar los huesos de mi cuerpo y mi boca se seca", al ver que tiene que dar muerte a multitud de amigos y aún parientes; que tiene que llevar desolación y dolor porque así están dispuestos sus deberes prescritos. Arjuna siente recelo por tener que dar muerte, lo que le llevará a otro ciclo kármico. Krishna le instruye en una libertad de acción que justifica no sólo la muerte sino el desapego a muchas más cosas del mundo material. Ahí está el punto de quiebra. ¿Justificación? ¿Será que Krishna es el mismo Dios de los juristas naturalistas?

El iusnaturalismo, pocas palabras, es ese derecho que es justo y bueno por sí mismo. Santo Tomás de Aquino lo redujo en el Tratado de la Ley de una manera sobria: "La ley natural es la impronta de la ley eterna sobre las cosas". Además agrega: "La ley natural se ha realizado por el hecho de que Dios la ha impreso en las mentes de los hombres". Derecho justo asi denominado solo puede llegar a ser posible en mejores condiciones, en otro mundo. El derecho natural es entonces un ideal de derecho.
Pero estoy con Arjuna. La arenga de Krishna no necesita justificarse porque el obrar de Arjuna está dentro de una contemplación y un diálogo con la divinidad. Que haya violencia significa no más que el mismo Dios quiere que haya violencia. Esa enseñanza de Krishna es egoísta plenamente, pero las categorías se desdibujan. Krishna está enseñándole a su amigo Arjuna el buddhi-yoga o "sendero de la Iliminación". Le excita a cumplir su deber de guerrero, a no temer por dar muerte a sus amigos y familiares, porque en realidad, dice Krishna, el alma jamás muere. No es precisamente una justificación, porque aquí Krishna está entre los vivos, conduciendo el carro de guerra de su amigo Arjuna. Si realiza su deber, así sea matar y sembrar destrucción, con desinterés y libre de todo apego, estará realizando el camino de su salvación.

No hay justificación. Eso me deja azorado. El mismo Santo Tomás habla de la guerra por causas justas, y Francisco Suárez justifica el tiranicidio. No hay causas justas en el diálogo del Gitá porque no existe semejanza con nuestras categorías éticas. Las de Krishna están en un nivel desconocido para nuestro iusnaturalismo; un sistema de derecho más que ideal, inaudito, pues obedecer a la divinidad es Ha-cer, es Ser la divinidad, y de paso servir como pedagogía, como dice el verso 21:

Los hombres comunes siguen los pasos de un gran hombre, cualquiera que sea la acción que ejecute. Y cualesquiera que sean las normas que él establezca mediante sus actos ejemplares, son seguidas por todo el mundo.

Y si no existe esa "causa justa" es porque no hay similitudes con la idea cristiana del Vicario de Dios en la tierra, ni de reyes "ungidos por obra y gracia de Dios". Un poema védico nos dice:

No hay nadie más grande que Él o igual a Él. Él tiene muchas potencias, y así, Sus hechos se llevan a cabo automáticamente, como un secuencia natural.

Krishna es el maestro que acude a iluminar a su discípulo, haciéndole ver que todos tenemos la obligación de cumplir nuestros deberes prescritos y en todo caso, que él, siendo bhagayan, o sea, "Personalidad Suprema" es el creador, el mantenedor y el destructor de Universo. Arjuna, el arquetipo del devoto que ha depositado su vida en la contemplación del yo y en realizar el designio de Krishna tiene que entrar a los campos de Kuruksetra y comenzar una carnicería. Krishna le ataja que se han intentado todos los medios para evitar la muerte, pero que ahora, es deber el comenzar la batalla.
Eso me hace pensar en los argumentos presuntamente isunaturalistas que sustentaban los soldados del muro de Berlín: "maté porque obedecía órdenes", y las muchas interpretaciones de derecho en el sentido de que no existen justificaciones para dar muerte a otros individuos.
Pero el caso del Bhagavad-Gitá es completamente fascinante, pues no hay justificación, ni valdría siquiera hablar de la voluntad de Kant, ni la libre autodeterminación de uno mismo como sostén de la moral. Krishna corrige a las sociedades por su caracter de Suprema Personalidad de Dios, que no necesita ocupar leyes o imponer normatividades. No hay código que trastoquen sus actos porque a pesar de que los Vedas son escrituras reveladas con regulaciones, Él las trasciende y cualquier acto que realice no puede violentarlas. Krishna viene en momentos críticos mediante la srjami "el señor se manifiesta tal como es". Los humanos no tienen entonces un modelo de derecho que sea ideal puesto que su meta es ser plenos en la divinidad, y los humanos saben que a lo más pueden obedecer a Dios, pero no aspirar a ser idénticos a él.
El puente entre esta visión y la tradición cristiana es muy largo, pero podemos ver el iusnaturalismo por analogía y comprender que esencialmente, el derecho es inaprensible en sentido general.
Como el hinduismo, va más por la idea de la liberación que por la de control.




viernes, 28 de agosto de 2009

Ángeles

En septiembre, los católicos celebran sobremanera a los Ángeles, los seres más complicados de las religiones por estar entre lo divino y lo profano. Un texto católico (pero no estoy seguro si el Breviario o un misal mensual) dice sobre éstos seres:

El nombre de “Ángel” designa la función, no el Ser del que lo lleva, por eso no siempre pueden ser llamados “ángeles”, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman Ángeles. Los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman Arcángeles. A través de sus nombres conocemos cual es su misión específica para la cual son enviados: así, Miguel significa “Quién como Dios”; Gabriel significa “Fortaleza de Dios” y Rafael significa “Medicina de Dios”.


Los judíos sin embargo no son tan técnicos con los ángeles y más bien los envuelven con misticismo e inescrutabilidad, pues “cada palabra que sale de los labios de Dios crea un ángel”. Los ángeles, “ministros de la voluntad divina” que mencionan los textos talmúdicos tienen una grandiosidad y belleza que no tienen los de la tradición católica. Dice un texto:


Cuando los ángeles, ministros de la voluntad divina, descienden sobre la tierra, son rayos y vientos. Ante el trono celeste son todo fuego.

Alrededor del trono divino hay cuatro grupos angélicos: a la derecha está el de Miguel, a la izquierda el de Gabriel, el de Ariel está delante, y detrás el grupo de Rafael.

Y todos perpetuamente salmodian a Dios.

Y con esa belleza poderosa, sólo hay que agregar el genio literario para crear imágenes perdurables (exclúyanse las cursilerías que lo han tomado prestado) como la que creo Mario Benedetti: “cuando los ángeles hacen el amor, llueve en la tierra”.