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martes, 29 de diciembre de 2009

Estudios tanguísticos para cerrar el año

En estas fechas es medio abusivo poner muchas letras. Pasen buenas y bonitas fiestas, diviértanse y si toman... inviten... jeje, aunque me conformo con saber que se cuidarán mucho.
Uhm, se que no todos se sienten muy a gusto con las fiestas navideñas y del fin de año, pero creo que es mala onda el terminar en la depre o buscándole tres pies al gato, de modo que les dejo, para cerrar este año, una pieza hermosa: Tango Etude no. 4, del genial Astor Piazzolla; una de los Estudios tanguísticos compuestos sobre todo para alientos, en este caso, flauta.
Anímense... ahora que, si de plano las fechas son para cortarse las venas con un ejote, entonces escuchen al maestro John Download, genio tenebroso del siglo XVI, pero ese no lo pongo, no lo pongo, solo recomendaría su bellísima Flow my Tears. Felices fiestas y que el año que viene sea mejor en todos aspectos.
Y sin más cháchara... Nina Perlove:


miércoles, 16 de diciembre de 2009

¿Bailamos?

¿Bailamos? No es que sepa bailar, pero todo en este mundo es expresión. Hablan las bocas, hablan los dedos, platican los paisajes e incluso hay un punto donde los besos se convierten en frases contundentes: palabras con aromas. El cuerpo entonces, también habla, usa sus extensiones, dice, suplica, se convierte en poema y en prosa delicada que te envuelve.
No sé bailar. Pero este baile no es seguir los pasos, simplemente, dejarse llevar.


domingo, 9 de agosto de 2009

Mis tres mujeres

Primero, el tango. Indescriptible la fuerza que imprimen los instrumentos que lo animan,:el violín, agudo lamento; el bandoneón, coro de voces para cada estado de ánimo.
Segundo. Increíble el poder de algunos escritores para "crear" entrañables mujeres. Han de haber más ejemplos, claro, pero mis mujeres consentidas que fueron creadas perfectamente en la mente de un hombre son 3: Emma Bovary, Otilia Rauda y Rosalba (de Rosalba y los Llaveros).

Las tres son creaturas completa y sinceramente femeninas. Piensan, actúan y son mujeres sin cortapisas. En el discutido y eterno dilema de las relaciones de género, debería hablarse más del poder de análisis y la sensibilidad de Flaubert, Galindo y Carballido para hacer que sus heroínas sean las mujeres más entrañables de la literatura. Emma siendo una mujer en busca del amor que surge en brazos de los amantes, es libre sobre todas las cosas. Otilia, la mujer voluptuosa de grandes pechos y caderas incitantes, es fortaleza, una luz que brota de su femineidad para que toda ella sea el misterio y no se termine el encanto de su cuerpo hermoso cuando le vean la cara. Rosalba, la sabelotodo que trastoca el orden de la provincia cerrada de los años cuarenta, es la mujer en busca de su esencia, de su acción.
Las tres, rayando en heroínas imposibles, se convierten además en mujeres plenas cuando asumen su debilidad como seres humanos; debilidad que no tiene nada que ver con estereotipos ni conseciones de ninguna índole, sino con la simpleza demoledora de que ellas, Emma, Otilia y Roslaba, como todas las mujeres del mundo (y como los escritores que las imaginaron) son suceptibles de sentir.

Y quizá, si no terminaran en el libro, volcarían sus sentimientos en un acorde de bandoneón.