martes, 2 de marzo de 2010

4 imágenes: La tarde




Hace unos meses tenía la firme intención de publicar un libro de ensayos, jaja, como si de verdad fuera un ensayista. La verdad es que los textos tienen muchos errores y necesitaría reescribir todo para que un editor arriesgara el pellejo para publicarlos. Pero bueno, a pesar de eso y porque al final un blog es democracia pura, me atrevo a lanzar esos escritos de manera "inédita". Para no aburrirlos, les dividiré el ensayo 4 imágenes a lo largo de cuatro entregas. Ojalá les agrade y todo comentario es bien recibido.

La tarde

Las tardes suenan a final; anuncian un fin. Después de la tarde jamás vendrá el amanecer, viene la noche. De ahí su vinculación con el ocaso en amplio sentido.

La tarde puede tener una carga emocional nostálgica, pero para algunas personas, en la tarde se producen balances interiores que son otras formas de la felicidad. Viajan con sus sueños, con sus más fuertes deseos y más que resignarse a la inexorabilidad del día, en la tarde proyectan eventos de su futuro.

Vinculado a esas sensaciones de proyección y vivencia está el color de una tarde, tema recurrente para los creadores y paisajistas. Cada época tiene su tonalidad y con ello, sus sentimientos, pero en la tarde de otoño hay una emoción más profunda, como de madurez. Comienzan en rosa, caminan hacia tonos durazno y terminan en un tono naranja terrible. Terrible por la idea implícita del final del día pero también por fascinante, por atraer la vista como parte de una poderosa imagen en la que se concentra la agresión, la seducción y la añoranza.

Vivaldi recrea con el lenguaje musical la fiereza del otoño en el movimiento correspondiente de Las Cuatro Estaciones, pero bien podría aplicar su “invención” y “armonía” para las tardes: el soslayo del día, la idea de madurez que devendrá en muerte pero que adquieren notas de una belleza increíble.

Ya de por sí, los movimientos del Otoño son una descripción que bastaría para ejemplificar lo escrito arriba; pero en la tarde como en el movimiento, cabe recitar unos versos del soneto respectivo que acompaña a la música:


La brisa que templada da placer,

Y la estación que invita tanto y tanto

A un dulcísimo sueño disfrutar.




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